DESCRIPCIÓN DEL ITINERARIO
El fin de semana decidimos aventurarnos en una ruta de senderismo por los impresionantes paisajes de Asturias, partiendo desde el acogedor pueblo de Felechosa, un rincón de montaña que, a primera hora de la mañana, despertaba entre la bruma con el murmullo de los arroyos y el canto de los pájaros. La jornada prometía ser intensa, pero también gratificante, con la combinación perfecta de bosques frondosos, cascadas escondidas y majadas con historia.
Desde el inicio, seguimos los senderos PR-AS 30 y PR-AS 312, que nos guiaron por un camino en el que la naturaleza parecía cobrar vida con cada paso. La humedad del suelo y el aroma a tierra mojada nos acompañaron mientras ascendíamos por un sendero estrecho flanqueado por robles y hayas centenarias. A medida que íbamos ganando altura, la vegetación se despejaba por momentos, permitiéndonos asomarnos a las imponentes montañas que rodean el valle de Aller.
Uno de los primeros puntos destacados de la ruta fue la cascada del Pozo Pintu, un rincón mágico donde el agua caía con fuerza entre las rocas, formando un espectáculo de espuma y sonido. Nos detuvimos un instante para contemplarla, dejándonos envolver por la sensación de frescor que emanaba del agua y la sombra de los árboles que la rodeaban. En este punto, el esfuerzo de la subida quedaba eclipsado por la belleza del paisaje, un recordatorio de por qué Asturias es conocida como el Paraíso Natural.
Seguimos ascendiendo, sorteando pequeños arroyos que cruzaban el camino y respirando el aire puro de la montaña. Poco a poco, el paisaje fue transformándose y los densos bosques dieron paso a las brañas alleranas, antiguas majadas donde, siglos atrás, los pastores llevaban a su ganado a pasar los meses de verano. Allí, el horizonte se abrió ante nosotros, ofreciendo unas vistas panorámicas que parecían no tener fin. Desde ese punto elevado, se podían distinguir los valles, las cumbres lejanas y las nubes que parecían flotar sobre las montañas.
Después de un descanso para reponer fuerzas, emprendimos el descenso, cerrando la ruta en forma circular para dirigirnos hacia otro de los puntos más impresionantes del recorrido: la cascada de La Mornera. El sendero nos llevó por una bajada serpenteante, donde las piedras húmedas y las raíces de los árboles nos obligaban a avanzar con precaución. Pero la recompensa valió la pena: al llegar a la cascada, nos encontramos con un salto de agua de gran belleza, escondido entre la vegetación y con un sonido hipnótico que nos invitaba a quedarnos allí un poco más. La caída del agua, que descendía desde lo alto entre las rocas cubiertas de musgo, creaba una atmósfera única, como si el tiempo se detuviera por un momento.
Tras disfrutar de este último espectáculo natural, continuamos el camino de regreso a Felechosa, donde nos esperaba el final de una jornada intensa pero inolvidable. El pueblo nos recibió con su tranquilidad característica, el olor a leña quemada en algunas chimeneas y el rumor pausado del río. Fue el cierre perfecto para una ruta que nos permitió desconectar, respirar aire puro y maravillarnos una vez más con los paisajes de esta tierra asturiana que nunca deja de sorprendernos.