DESCRIPCIÓN DEL ITINERARIO
Ruta Circular desde Enverniego (Mieres) al Pico Pandoto
La jornada comienza en Enverniego, una pequeña aldea perteneciente al concejo de Mieres, en pleno corazón de Asturias. Este punto de partida, rodeado de prados y bosques, ofrece el ambiente tranquilo y rural característico de la zona. Desde el inicio, el paisaje nos envuelve con su verdor y con el sonido del agua que fluye por los arroyos que atraviesan el valle.
Nada más comenzar la ruta, tomamos un sendero que asciende de forma progresiva, internándose en un frondoso bosque donde predominan los robles, castaños y abedules. A lo largo del camino, se pueden ver pequeños muros de piedra cubiertos de musgo, restos de antiguas fincas ganaderas y alguna cabaña en estado de semirruina, testigos del pasado agroganadero de la zona.
A medida que ascendemos, el sendero nos lleva hasta enlazar con la PR-AS 35, un sendero de pequeño recorrido que atraviesa varias montañas y collados de la zona. Esta senda, bien marcada y utilizada tanto por senderistas como por pastores, se convierte en nuestro guía durante parte del trayecto. El ascenso sigue su curso, alternando zonas de vegetación cerrada con tramos más abiertos donde se pueden admirar amplias vistas del valle de Mieres y de los montes circundantes.
El ascenso al Pico Pandoto
Tras superar los primeros kilómetros de subida, la vegetación comienza a clarear, dando paso a praderas de alta montaña donde el terreno se vuelve más expuesto. A lo lejos, podemos divisar nuestro objetivo: el Pico Pandoto, una cumbre que, sin ser excesivamente elevada, ofrece una de las panorámicas más bellas de la zona.
El último tramo antes de la cima es el más exigente. La pendiente se acentúa y el sendero se vuelve más estrecho, con zonas donde es necesario avanzar con precaución debido a la irregularidad del terreno. Sin embargo, cada paso ganado nos acerca a la cumbre y a una vista que, sin duda, merece la pena.
Al llegar a la cima del Pico Pandoto, la sensación de logro es inmediata. Desde este punto privilegiado, se obtiene una panorámica de 360 grados, con vistas que alcanzan varias sierras de Asturias. Hacia el sur, el macizo de Ubiña se levanta imponente, mientras que al norte, en los días despejados, se puede intuir el mar Cantábrico en el horizonte. También se distinguen los montes de la Sierra del Aramo, el valle del Caudal y otras montañas que conforman el paisaje montañoso de la región.
Aquí, en la cumbre, es el momento perfecto para hacer una pausa, reponer energías y disfrutar de la paz que ofrece la alta montaña. El viento sopla con fuerza en algunos momentos, pero el silencio y la inmensidad del entorno compensan cualquier incomodidad.
El descenso y el regreso a Enverniego
Tras un descanso en la cima, emprendemos el descenso por un recorrido alternativo para completar la ruta de forma circular. La bajada transcurre por una ladera diferente, conectando con caminos ganaderos que descienden suavemente entre prados donde es frecuente ver caballos y vacas pastando libremente. En algunos tramos, cruzamos antiguas sendas utilizadas por los pastores para trasladar el ganado entre las brañas de altura y los pueblos del valle.
El terreno desciende gradualmente hasta introducirnos de nuevo en un frondoso bosque, donde la sombra de los árboles y la humedad del suelo crean un ambiente fresco y agradable. Durante este tramo, el sendero serpentea entre helechos y raíces expuestas, recordándonos la esencia salvaje de los bosques asturianos.
A medida que nos acercamos nuevamente a Enverniego, el camino se ensancha y el descenso se vuelve más cómodo. Finalmente, tras varias horas de caminata, completamos el recorrido llegando al punto de inicio. La sensación de haber explorado un rincón único de Asturias, combinando la belleza de los bosques, la dureza de la ascensión y la recompensa de las vistas desde la cima, convierte esta ruta en una experiencia inolvidable.