DESCRIPCIÓN DEL ITINERARIO
Ayer fue una jornada inolvidable recorriendo el pintoresco paisaje asturiano, culminando con la mágica experiencia de las luces de Navidad en Aciera, un pequeño y encantador pueblo en el concejo de Quirós. La ruta comenzó temprano en la mañana, cuando el aire aún estaba fresco y la luz dorada del amanecer empezaba a bañar los valles y montañas circundantes. Salimos desde Aciera, un tranquilo y acogedor lugar, conocido por su serenidad y su entorno natural impresionante.
Desde Aciera, nos dirigimos hacia el Collado de Aciera, un sendero que, aunque empinado en algunas partes, ofrecía unas vistas espectaculares del valle de Quirós. A medida que ascendíamos, los sonidos del río y el canto de los pájaros se mezclaban con el crujir de las hojas bajo nuestros pies. La naturaleza aquí es impresionante, con robles y castaños que flanquean el camino, creando un túnel natural de verdor que nos protegía del sol cada vez más intenso.
Al llegar al Collado de Aciera, fuimos recompensados con una vista panorámica que cortaba el aliento. Desde allí, podíamos ver el horizonte salpicado de picos montañosos, verdes praderas y, a lo lejos, las casas de los pequeños pueblos que se asientan pacíficamente en las laderas. Nos detuvimos un momento para disfrutar de la vista, respirar el aire puro y tomar algunas fotos antes de continuar nuestro camino hacia Villamejín.
El descenso hacia Villamejín fue suave y agradable, un contraste perfecto con la subida. Este pequeño pueblo, con sus casas de piedra y tejados rojos, parecía salido de un cuento de hadas. Sus calles estrechas y su iglesia, sencilla pero encantadora, nos dieron una bienvenida cálida. Nos detuvimos un rato para descansar y disfrutar de la tranquilidad del lugar, antes de retomar nuestro camino hacia Proaza.
El tramo entre Villamejín y Proaza nos llevó a través de bosques densos y caminos serpenteantes. A cada paso, el paisaje cambiaba, manteniendo nuestra atención y haciendo que cada kilómetro fuera una nueva aventura. Proaza, conocido por su cercanía a la famosa Senda del Oso, fue nuestra siguiente parada. Este pueblo es un punto de encuentro popular para los amantes del senderismo y el ciclismo, con sus cafés y pequeñas tiendas que ofrecen un respiro a los viajeros cansados.
Desde Proaza, nos unimos a la Senda del Oso, una ruta de senderismo y ciclismo que sigue el antiguo trazado de un ferrocarril minero. El camino, bordeado de árboles y siguiendo el curso del río Trubia, es una delicia para los sentidos. Pasamos por Caranga de Abajo y Caranga de Arriba, dos pequeños núcleos rurales que, con sus construcciones tradicionales, nos transportaron a tiempos pasados.
La siguiente parada fue el embalse de Valdemurio, un lugar de impresionante belleza natural donde el agua refleja el cielo azul y las montañas circundantes. Aquí, el tiempo pareció detenerse mientras disfrutábamos de la paz y la serenidad del entorno. Las aguas tranquilas del embalse ofrecían un espejo perfecto de las montañas que lo rodean, creando una imagen que quedará grabada en nuestra memoria.
Finalmente, regresamos a Aciera, justo a tiempo para ver encenderse las luces de Navidad. El pueblo, que había sido nuestro punto de partida, ahora se transformaba en un escenario de ensueño, con luces que adornaban las casas, calles y la plaza principal. Las luces, en una variedad de colores cálidos, se reflejaban en las ventanas y creaban un ambiente festivo que nos llenó de alegría y gratitud.
El día terminó con una sensación de satisfacción y alegría. Habíamos recorrido caminos antiguos, visitado pueblos encantadores, disfrutado de vistas impresionantes y, finalmente, nos habíamos sumergido en la magia de la Navidad en uno de los pueblos más bonitos de Asturias. Fue una experiencia enriquecedora que nos recordó la belleza de la naturaleza y el encanto de las tradiciones locales.