DESCRIPCIÓN DEL ITINERARIO
La ruta comenzó en un sendero que parecía prometedor desde el primer paso. El aire fresco llenaba los pulmones, mientras el murmullo del agua y el canto de los pájaros componían una sinfonía natural que nos acompañaría durante todo el recorrido. A medida que avanzábamos, el bosque cobraba vida con colores vibrantes. Las hojas caídas formaban una alfombra natural que crujía bajo nuestros pies, recordándonos que estábamos inmersos en pleno otoño. La variedad de tonalidades, desde el verde musgo hasta el marrón rojizo, ofrecía un espectáculo visual digno de admirar.
Nuestro primer destino fue la Cascada de Castro, y el camino hacia ella no dejó de maravillarnos. El sendero nos llevó a través de suaves descensos que nos permitieron acercarnos gradualmente al sonido creciente del agua. Poco a poco, la vegetación se abrió para revelar un salto de agua imponente. La Cascada de Castro, con su caída ancha y poderosa, se desplomaba sobre un lecho rocoso rodeado de musgos y helechos, creando un contraste espectacular entre el blanco espumoso del agua y el verde vibrante de su entorno.
El lugar irradiaba una energía especial, y decidimos tomarnos un tiempo para disfrutarlo plenamente. Algunos se acercaron a la base de la cascada para sentir el frescor del agua en la piel, mientras otros optaron por sentarse en las rocas y contemplar la escena. Era fácil perderse en la belleza del momento, dejando que el sonido relajante del agua cayendo despejara la mente.
Tras un buen rato, continuamos nuestro camino, esta vez con el objetivo de llegar a la Cascada de Txarin. Pero antes de alcanzar nuestro siguiente gran destino, atravesamos el Hayedo de Coalnegro, una de las joyas del recorrido. Este bosque de hayas, majestuoso y sereno, nos envolvió con su atmósfera mágica. Los troncos altos y rectos de las hayas, cubiertos de musgo en su base, formaban un dosel natural que filtraba la luz del sol, creando un juego de sombras y destellos en el suelo del bosque.
El hayedo tenía un aire misterioso, casi etéreo, que invitaba a la calma y la reflexión. Los aromas terrosos, mezclados con el frescor característico del bosque, intensificaban la experiencia sensorial. Caminamos despacio por este tramo, no solo para disfrutar de su belleza, sino también para respetar la tranquilidad del lugar. Parecía que cada paso debía darse con cuidado, como si el bosque mismo nos pidiera silencio para conservar su magia.
Al salir del hayedo, retomamos el sendero que nos llevaba a la Cascada de Txarin. Este segundo salto de agua tenía un carácter completamente diferente al de Castro. Más alto y estrecho, Txarin se presentaba como un torrente vertical que caía con fuerza sobre un conjunto de rocas, creando un espectáculo de energía en movimiento. La vegetación que rodea esta cascada es más densa, lo que le da un aire salvaje y aislado, como si fuera un rincón escondido que solo unos pocos tienen el privilegio de descubrir.
Pasamos un buen rato explorando los alrededores de la cascada. Algunos se animaron a acercarse al agua para sentir la frescura de las salpicaduras, mientras otros buscaron ángulos únicos para capturar fotografías. El ambiente aquí era más fresco y húmedo, con un microclima que contrastaba con el calor que habíamos sentido en otros tramos del camino.
El regreso nos permitió reflexionar sobre lo vivido. Las cascadas de Castro y Txarin, junto con el Hayedo de Coalnegro, habían transformado la ruta en una experiencia inolvidable. Cada lugar tenía su propia esencia, pero juntos formaban un recorrido lleno de contrastes y sorpresas. Además, los pequeños detalles del sendero, como los arroyos cruzados, las hojas que caían suavemente al suelo y las vistas ocasionales de los valles, enriquecieron aún más la jornada.
Al final del día, volvimos con los sentidos llenos de naturaleza y la memoria cargada de imágenes que permanecerán por mucho tiempo. La ruta, con sus cascadas, su hayedo y su riqueza paisajística, no solo nos ofreció una caminata, sino también un viaje emocional a través de la belleza y la fuerza de la naturaleza. Sin duda, es un recorrido que deja huella y que merece ser vivido al menos una vez.