DESCRIPCIÓN DEL ITINERARIO
Disfrutamos de una ruta de senderismo espectacular desde Caranga hasta Bandujo y vuelta a Caranga. Fue una jornada que combinó paisajes naturales de ensueño con un recorrido cargado de historia, donde nos sentimos completamente inmersos en la riqueza cultural y natural de Asturias.
Partimos desde Caranga, un pequeño pueblo del concejo de Proaza rodeado por un paisaje montañoso impresionante. Comenzamos siguiendo un tramo de la Senda del Oso, un camino ya muy conocido por su trazado sobre antiguos raíles de tren minero. Este tramo inicial fue relativamente sencillo y nos permitió disfrutar del frescor de la mañana, con el canto de los pájaros y el murmullo del río Teverga acompañándonos. Pasamos por túneles oscuros y puentes que cruzan el río, lo que añadía una dosis de aventura a esta primera parte del recorrido.
Después de avanzar por la Senda del Oso, nos desviamos para tomar el histórico camino medieval hacia Bandujo, un sendero que rezuma historia en cada piedra. Este camino era utilizado siglos atrás como vía de comunicación entre aldeas, y su trazado, aunque algo más exigente, nos recompensó con su belleza incomparable. Aquí comenzamos a notar cómo el entorno cambiaba: la vegetación se hacía más espesa y el sonido de pequeños arroyos nos acompañaba constantemente.
A lo largo del camino medieval, cruzamos varios arroyos de aguas cristalinas que serpenteaban entre las rocas y alimentaban pequeñas cascadas escondidas entre la vegetación. Una de estas cascadas nos obligó a detenernos un momento, no solo para descansar, sino para disfrutar del espectáculo de agua cayendo entre los helechos y la vegetación salvaje. El lugar estaba rodeado de musgo y flores silvestres, con un ambiente fresco y húmedo que parecía transportarnos a un bosque encantado.
El sendero estaba flanqueado por antiguos muros de piedra, muchos de ellos cubiertos de musgo, que marcaban el paso de los siglos. Estos muros, construidos a mano, delimitaban terrenos y servían como guía para los viajeros en épocas pasadas. De vez en cuando, nos encontrábamos con pequeñas construcciones en ruinas, probablemente refugios o antiguos molinos, lo que nos hacía imaginar la vida en esta zona durante la Edad Media.
El esfuerzo del ascenso se veía recompensado con vistas panorámicas del valle, que se abrían entre los claros del bosque. Desde algunos puntos, podíamos divisar las montañas circundantes, cubiertas de una densa alfombra verde, y pequeñas cascadas que descendían a lo lejos. Todo esto, acompañado del canto de los pájaros y el sonido del agua corriendo, hacía que el cansancio desapareciera.
Finalmente, llegamos a Bandujo, un lugar que parece sacado de un libro de historia. Este pequeño pueblo medieval es uno de los más antiguos y mejor conservados de Asturias, y caminar por sus calles empedradas fue como viajar al pasado. Lo primero que visitamos fue su famosa torre medieval, una imponente construcción de los siglos XIII o XIV que servía como fortaleza y símbolo de poder. Esta torre también se utilizó como cárcel y archivo, y su estado de conservación es excelente. Desde la base de la torre, pudimos disfrutar de unas vistas increíbles del valle y los montes que rodean Bandujo.
El siguiente punto de interés fue el cementerio del pueblo, un lugar pequeño pero lleno de encanto, rodeado de muros de piedra y con vistas que invitan a la reflexión. Finalmente, visitamos la iglesia de Santa María, una joya arquitectónica del románico rural. Aunque modesta, su interior conserva el aire de espiritualidad y simplicidad que caracterizaba a las aldeas medievales.
Después de explorar Bandujo y sumergirnos en su historia, emprendimos el regreso hacia Caranga por el mismo camino. Este tramo fue igualmente mágico, ya que la luz de la tarde realzaba los colores del paisaje y nos permitió apreciar detalles que habíamos pasado por alto en la ida: el brillo del agua en los arroyos, las sombras que proyectaban los árboles y los sonidos de la fauna local.
Al llegar de nuevo a Caranga, terminamos la ruta con la satisfacción de haber vivido una experiencia única, que combinó naturaleza, historia y cultura. Sin duda, este recorrido es una joya para quienes buscan algo más que caminar; es un viaje al corazón de Asturias, a través de paisajes inolvidables y un pasado que aún respira en cada rincón.